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INDICE DEL LIBRO

Páginas: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42, 43, 44, 45, 46, 47, 48, 49, 50, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 57, 58, 59, 60, 61, 62, 63, 64, 65, 66, 67, 68, 69, 70, 71, 72, 73, 74, 75, 76, 77, 78, 79, 80, 81, 82, 83, 84, 85, 86, 87, 88, 89, 90, 91, 92, 93, 94, 95, 96, 97.

Discurso, leido por el Presidente, Excmo. Sr. D. José Canalejas y Méndez,
en la Sesión Inaugural del Curso de 1894 a 95, celebrada el 10 de Diciembre de 1894,
de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación
ASPECTO JURIDICO DEL PROBLEMA SOCIAL. de José Canalejas y Méndez.


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Si no del espíritu de la ley, se deducen de la rigorosa aplicación de su letra desigualdades irritantes. Frecuente es el caso del vendedor cuya codicia priva al obrero de una parte de su pan, incurriendo como castigo de tal despojo en una multa de cinco pesetas; mientras el hurto de ese mismo pan, verdadero cuerpo de delito de otro hurto, puesto que estaba falto del peso debido, se castiga con severidad verdaderamente excesiva. Al farmacéutico que expende una medicina de mala calidad y acaso por la ineficacia de ésta frustra las esperanzas de curación, impone el precepto legal cinco días de arresto y una multa de 25 pesetas en cambio el hurto de semillas alimenticias, el de leña y hasta el de la broza de los montes o la hoja seca de los árboles, aun estimando el daño en cifra mezquina, merecen, según la sentencia de u de Julio de 1890 y el párrafo último del art. 53 1 del Código, arresto mayor en sus grados mínimo y medio. Sin recurrir al tópico de un vulgar sentimentalismo, parece justo llevar a nuestros Códigos un más piadoso sentido de la realidad, atemperar las severidades del precepto a las atenuaciones posibles del hecho, y distinguir en el origen del delito el torpe estímulo de la perversión o la codicia, del mal consejo con que el hambre y el frío impulsan a la miseria hacia el pecado.
Y no es este el único vicio social del Código, donde debiera estar más defendido el honor de la mujer, donde se castiga con criterios distintos el duelo de espada y el duelo de navaja, donde se encierran en fin corno materia parva dentro del título de las faltas el abandono moral de hijos y menores, el maltrato de los cónyuges y hasta la negativa de auxilio.
La literatura, y singularmente la prensa y el teatro, cuya labor diaria en la crítica de las leyes y fallos de los tribunales es un elemento de renovación jurídica y una verdadera garantía del derecho contra el abuso o el error, ha puesto de relieve en los Códigos penales faltas de equidad cuyo examen dilataría con exceso este ya prolongadísimo discurso. Séame lícito, no obstante, recordar la falta de proporcionalidad que advierto entre las penas impuestas a los autores de delitos cometidos, con ocasión del ejercicio de los derechos individuales, y los castigos señalados a los funcionarios públicos que cohíben o vedan el ejercicio de esos propios derechos.
Castíganse gravemente como desacatos a la autoridad muchas veces, las que no son sino protestas contra violencias y faltas de urbanidad, olvidando


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