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INDICE DEL LIBRO

Páginas: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42, 43, 44, 45, 46, 47, 48, 49, 50, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 57, 58, 59, 60, 61, 62, 63, 64, 65, 66, 67, 68, 69, 70, 71, 72, 73, 74, 75, 76, 77, 78, 79, 80, 81, 82, 83, 84, 85, 86, 87, 88, 89, 90, 91, 92, 93, 94, 95, 96, 97.

Discurso, leido por el Presidente, Excmo. Sr. D. José Canalejas y Méndez,
en la Sesión Inaugural del Curso de 1894 a 95, celebrada el 10 de Diciembre de 1894,
de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación
ASPECTO JURIDICO DEL PROBLEMA SOCIAL. de José Canalejas y Méndez.


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madre en todas estas organizaciones familiares era segura y el padre por consecuencia de aquella promiscuidad absurda, siempre ignoto
Correspondían a la madre, por tanto, la patria potestad, el consejo y la dirección familiar: entre asirios, babilonios, egipcios, escitas, iberos, galos, cántabros, griegos, etruscos anteriores a la fundación de Roma, germanos del tiempo de Tácito, y hasta en algunas razas negras de nuestros días, el matriarcado dejó huellas permanentes y hondas raíces.
Natural era que la dureza de las faenas corporales no rindiera entonces con su pesadumbre a la mujer, convertida en seflora por el derecho y por la mitología en diosa; pero llegó un punto en que, como Bebel indica, la guerra solicitó la energía del varón y le hizo señor de las armas primero, y más tarde señor de la tierra conquistada por su esfuerzo y de la cosecha por la tierra rendida. El hombre pidió entonces a la esclavitud brazos para cultivar el predio, y la mujer fue ya sólo un instrumento de sus placeres.
La Literatura griega, fuente perdurable de bellezas y reflejo exacto de las costumbres, dibuja bien el momento de la lucha entre el derecho antiguo femenino y el entronamiento de la superioridad varonil. En las Eunimides de Esquilo todo el problema que la fábula entraña se reduce a discernir si Orestes obró bien prefiriendo vengar a Agamenón, su padre, del crimen perpetrado por su madre Cliteimnestra. Pintan idéntico hecho no pocos pasajes de la Odisea y la leyenda ateniense de la fuente y del olivo no es otra cosa que una fórmula con que el mito expresa el triunfo riel nuevo derecho. Ya no es la mujer diosa como Latona, Ceres y Demetra, sino la esposa a quien Aristóteles concedió derecho para aconsejar al varón y cuyo nombre no quería oír Tucídides mezclado con el ruido de las calles, o la hetaria que, como Aspasia, conquistaba por el amor de Pendes el dominio absoluto de Atenas.
Aun entonces no afectó el trabajo de la mujer aquellas formas ásperas que Friedliinder gratuitamente supone; a no entender como labor ruda e insoportable el bordado de Elena, el hilar de Onfalia, el tejer de Penélope y de Nausica, la custodia del ganado de C1oë y la no difícil asiduidad de la mujer de Colatino.
La aplicación de las actividades de la mujer y del niño al trabajo y a la producción data de la época en que la máquina relegó a segundo término el vigor muscular, haciendo del obrero, como Julio Simón dice, en vez de una



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